Informe de Impacto de Género en urbanismo: qué se exige y cómo incorporarlo al planeamiento en Canarias

Si trabajas en urbanismo en Canarias, probablemente te hayas encontrado ya con esta obligación:

Informe de Evaluación de Impacto de Género.

El problema es que todavía existe bastante confusión sobre cuándo es necesario, qué debe analizar y, sobre todo, qué significa incorporar la perspectiva de género al planeamiento.

Señoras reunidas en la calle

¿Cuándo se exige?

La obligación no consiste simplemente en añadir un Informe de Impacto de Género al final del expediente.

En Canarias, la perspectiva de género debe incorporarse al desarrollo de los instrumentos de ordenación y de aquellos procedimientos en los que resulte exigible su evaluación.

Entre ellos se encuentran los Planes Generales, Planes Parciales, Planes Especiales, Modificaciones Puntuales, Modificaciones Menores y Ordenanzas Provisionales.

Pero no conviene quedarse únicamente con esta lista. Existen otros procedimientos con capacidad para ordenar el territorio o modificar el planeamiento que requieren analizar específicamente la perspectiva de género. Es el caso, por ejemplo, de los Proyectos de Interés Insular.

Por eso, antes de empezar a redactar un documento, conviene comprobar qué instrumento se está tramitando, qué efectos tiene sobre el territorio y qué procedimiento de evaluación le resulta aplicable.

Además, en los procedimientos sometidos a Evaluación Ambiental Estratégica, la perspectiva de género debe formar parte del análisis del instrumento o proyecto. En estos casos, el Informe de Impacto de Género se incorpora entre los informes sectoriales que acompañan al procedimiento y contribuye al análisis de sus efectos sobre el territorio y la cohesión social.

La clave es hacerlo desde el principio, cuando todavía se pueden tomar decisiones. No cuando el documento ya está cerrado.

¿Qué es realmente un Informe de Impacto de Género?

No consiste en añadir un apartado que diga cómo afecta el planeamiento a mujeres y hombres.

El objetivo es evaluar cómo las decisiones de ordenación pueden afectar a la vida cotidiana, teniendo en cuenta las desigualdades existentes, los diferentes usos y necesidades de la población y la diversidad de formas de habitar y utilizar el territorio.

Para ello se analiza, entre otras cuestiones:

  • movilidad y autonomía;
  • accesibilidad;
  • seguridad y percepción de seguridad;
  • proximidad;
  • movilidad y trabajos de cuidados;
  • espacios de encuentro y participación;
  • representatividad;
  • diversidad e inclusión;
  • calidad espacial.

La evaluación debe partir del propio objeto de planeamiento, analizar su contexto y después cruzar ambos para prever qué efectos puede producir la propuesta.

Lo importante para un equipo de urbanismo

Si estás redactando planeamiento en Canarias, la pregunta no debería ser:

«¿Quién nos hace el Informe de Impacto de Género?»

La pregunta debería ser:

«¿Cómo incorporamos la perspectiva de género a nuestro instrumento de ordenación desde el principio?»

Porque el informe es una parte del proceso. La transversalidad afecta al conjunto del planeamiento.

Y esa diferencia es fundamental.

Y aquí aparece la transversalidad

La transversalidad de género significa que la perspectiva de género atraviesa el planeamiento.

No es un documento que se redacta aparte mientras el equipo urbanístico trabaja en otra dirección. La perspectiva de género debe incorporarse transversalmente al desarrollo del instrumento de ordenación.

Además, la jurisprudencia del Tribunal Supremo ha establecido la obligatoriedad del informe de género en los instrumentos de planeamiento y, específicamente, de incorporar transversalmente la perspectiva de género en todo el documento.

Significa que las decisiones sobre:

  • usos,
  • movilidad,
  • equipamientos,
  • espacios públicos,
  • recorridos,
  • vivienda,
  • dotaciones,
  • relaciones entre espacios,
  • seguridad,
  • cuidados

se analizan también desde la perspectiva de género y, cuando es necesario, se modifican a partir de ese análisis.

Por eso la perspectiva de género puede afectar directamente a los principios, directrices, objetivos y medidas del instrumento de ordenación.

¿Cómo se evalúa?

El Informe de Impacto de Género no consiste en hacer una lista de buenas intenciones al final del documento.

Hay que analizar el objeto de ordenación, estudiar el contexto existente y cruzar ambos para prever qué efectos puede producir la propuesta antes de implementarla.

A partir de ahí se determina si el impacto es positivo, parcialmente positivo o negativo y, cuando sea necesario, se establecen recomendaciones o medidas correctoras.

Y aquí está lo importante para un equipo de urbanismo:

si las medidas correctoras aparecen cuando el planeamiento ya está prácticamente terminado, ya llegas tarde.

Porque esas medidas pueden afectar a las propias determinaciones del instrumento: movilidad, accesibilidad, usos, espacios de encuentro, equipamientos, recorridos, etc.

Y entonces puede tocar modificar el documento para incorporar aquello que debería haberse tenido en cuenta desde el principio.

Por eso la transversalidad de género no consiste en añadir un informe al final.

Consiste en que la perspectiva de género forme parte de las decisiones de ordenación mientras el planeamiento se está diseñando.

Plantear el asesoramiento en perspectiva de género desde el principio es precisamente para evitar que las medidas correctoras aparezcan al final del proceso y obliquen a modificar el documento.

Para un estudio de urbanismo, esta es la diferencia entre “hacer el informe” y trabajar realmente con transversalidad de género.

¿Por qué contar con un perfil especializado?

Porque el Informe de Impacto de Género no es un trámite administrativo que se pueda resolver al margen del proyecto.

Un equipo especializado en urbanismo no tiene por qué dominar todas las disciplinas que pueden intervenir en el planeamiento. La perspectiva de género requiere conocimientos, metodología y experiencia específica para detectar cuestiones que no siempre son evidentes desde una mirada urbanística convencional.

No necesitas hacerlo todo tú. Necesitas saber cuándo incorporar a quien tiene esa mirada.

Un perfil especializado puede trabajar con el equipo redactor desde las primeras fases, aportando una lectura específica sobre cómo las decisiones de ordenación afectan a la vida cotidiana y ayudando a detectar cuestiones que pueden pasar desapercibidas en un análisis convencional.

Además, permite traducir ese análisis en decisiones concretas de planeamiento y detectar problemas antes de que el documento esté cerrado.

No se trata de que el estudio de urbanismo deje de hacer urbanismo.

Se trata de incorporar al equipo una mirada especializada que complemente su conocimiento técnico.

Y, sobre todo, de evitar llegar al final del procedimiento con un informe que señala cambios que ya resulta complicado incorporar.

¿Qué aporta realmente?

Bien aplicada, la perspectiva de género no consiste en diseñar espacios diferentes para cada grupo de población.

Consiste en detectar necesidades que muchas veces quedan fuera de los análisis urbanísticos convencionales y utilizarlas para mejorar la calidad de vida de todas las personas en el futuro.

Por ejemplo:

  • Un Plan General que concentra vivienda residencial o turística sin comercio, equipamientos ni servicios de proximidad. Puede generar una ciudad dependiente de desplazamientos constantes para resolver las necesidades cotidianas.
  • Una ordenación que genera grandes recorridos peatonales sin actividad ni relación con los edificios. Aunque cumpla formalmente con los criterios de urbanización, puede producir espacios poco atractivos o con problemas de percepción de seguridad.
  • Una ordenanza que genera edificios y espacios excesivamente desconectados del espacio público. La relación entre lo privado y lo público puede influir directamente en cómo se percibe y utiliza la calle.
  • Grandes espacios libres o aparcamientos sin actividad alrededor. Pueden generar zonas poco utilizadas o poco confortables en determinados momentos del día.
  • Equipamientos alejados o mal conectados entre sí. La distancia sobre el plano no siempre refleja las dificultades reales de acceso y desplazamiento.
  • Una red urbana excesivamente dependiente del vehículo privado. Puede dificultar especialmente los desplazamientos cotidianos que combinan vivienda, trabajo, compras, cuidados y transporte público.

Y ahí está lo interesante:

cuando analizas el territorio desde la perspectiva de género, muchas de las mejoras que detectas no son “para las mujeres”. Son mejoras de calidad urbana para el conjunto de la población.

Eso es impacto social.

La perspectiva de género aporta una mirada capaz de detectar cómo se utiliza realmente el territorio, quién lo utiliza, cómo se mueve, qué actividades desarrolla y qué barreras encuentra.

Y esa información puede acabar mejorando la accesibilidad, la movilidad, la seguridad, la proximidad, los cuidados y la calidad del espacio público.

Por eso incorporar la perspectiva de género al urbanismo no debería entenderse como una capa más de documentación.

Es una herramienta para tomar mejores decisiones urbanas.

¿Tu estudio está redactando un instrumento de ordenación?

Si no tienes claro cuándo necesitas un Informe de Impacto de Género o cómo incorporar la perspectiva de género al planeamiento desde el principio, puedo ayudarte a abordarlo antes de que se convierta en un problema durante la tramitación.

Soy Marta Vega, arquitecta, y trabajo en perspectiva de género aplicada al urbanismo y al espacio público en Canarias.


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