Novedades en accesibilidad cognitiva para espacios urbanos: qué cambia con el RD 707/2026

Cuando pensamos en una persona con discapacidad, muchas veces pensamos en una silla de ruedas, un bastón o cualquier otro elemento que nos permite identificar que puede necesitar determinadas condiciones de accesibilidad.

Pero no todas las discapacidades son visibles.

Hay personas que pueden caminar, ver y desplazarse físicamente por un espacio y, sin embargo, tener dificultades para entender dónde están, interpretar una señal, orientarse, saber qué tienen que hacer o anticipar qué va a ocurrir.

Ahí entra la accesibilidad cognitiva.

Y esto cambia también nuestra manera de entender cómo diseñamos una plaza, una calle, un parque o cualquier otro espacio público.

El Real Decreto 707/2026, publicado en septiembre de 2026, establece por primera vez un reglamento específico de condiciones básicas de accesibilidad cognitiva. En el caso de los espacios públicos urbanizados, incorpora criterios relacionados con la deambulación, la localización, la comunicación, la simbología, los recursos táctiles, los estímulos sensoriales y el acompañamiento.

El reglamento entra en vigor el 2 de enero de 2027.

¿Qué significa realmente que un espacio sea cognitivamente accesible?

Imaginemos que llegamos a una plaza nueva.

Podemos entrar perfectamente desde la acera. El pavimento es accesible, no hay escalones y el itinerario cumple las condiciones físicas necesarias.

Pero una vez dentro:

¿Sabemos dónde estamos?

¿Dónde está el parque infantil?

¿Sabemos cómo llegar a los aseos?

¿Entendemos qué camino tenemos que seguir?

¿Podemos identificar dónde está la salida?

La accesibilidad cognitiva tiene que ver precisamente con esto: que el entorno pueda comprenderse y utilizarse de la manera más autónoma posible.

El nuevo reglamento relaciona expresamente esta accesibilidad con la orientación, la navegación, la identificación y la localización en el entorno.

1. No se trata solo de poder recorrer un espacio

Este es uno de los cambios de mirada más importantes.

Hasta ahora, cuando hablábamos de accesibilidad en el espacio público, era muy habitual centrarnos en cuestiones como:

  • pendientes
  • anchuras
  • pavimentos podotáctiles
  • pasos peatonales
  • rampas
  • itinerarios accesibles
  • mobiliario

Todo eso sigue siendo fundamental.

Pero podemos añadir otra pregunta:

¿La persona entiende el recorrido que está haciendo?

Por ejemplo, imaginemos un parque en el que desde la entrada podemos llegar físicamente hasta una fuente.

El itinerario es accesible.

Pero si una persona no sabe que esa fuente está allí, no identifica el camino o no puede distinguir hacia dónde debe dirigirse, la accesibilidad del recorrido está incompleta desde el punto de vista cognitivo.

Por eso, el RD 707/2026 introduce el concepto de deambulación, relacionándolo no solo con desplazarse físicamente, sino también con comprender cuál es el camino o qué elementos del espacio están adaptados a la persona.

2. Saber dónde estás también es accesibilidad

Piensa en una plaza grande, un intercambiador, un parque o un complejo de edificios.

Llegas y encuentras varias calles, caminos y accesos.

¿Cómo sabes dónde estás?

Una persona puede necesitar referencias claras para orientarse:

  • un nombre de plaza
  • una entrada identificable
  • un elemento visual reconocible
  • una señal
  • un color asociado a un recorrido
  • un pictograma
  • un mapa sencillo
  • una referencia que permita reconocer el lugar

El reglamento habla expresamente de localización: la posibilidad de determinar dónde se encuentra una persona y saber cómo llegar al punto al que quiere dirigirse.

No es lo mismo: “Hay un camino accesible hasta allí”

que: “Sé dónde estoy y entiendo cómo llegar hasta allí”.

3. Los pictogramas no son decoración

Aquí aparece otro tema que parece pequeño, pero no lo es.

Un pictograma sirve para comunicar.

Y si queremos que una persona pueda utilizar un espacio de forma autónoma, el mensaje tiene que entenderse.

Imaginemos los aseos de una plaza.

Podemos colocar un pictograma en la puerta.

Pero podemos preguntarnos:

¿Es reconocible?

¿Es coherente con el resto de la señalización?

¿Se ve desde el recorrido?

¿Indica realmente dónde está el aseo?

¿La persona puede anticipar que ese símbolo significa aseo antes de llegar?

El RD 707/2026 establece que los pictogramas utilizados como señalización deben estandarizarse teniendo en cuenta su comprensibilidad y percepción, y que la simbología debe facilitar la interpretación y la orientación.

Y además incorpora una cuestión que me parece especialmente interesante:

el tratamiento igualitario del género en las imágenes, signos y símbolos utilizados en pictogramas y señalizaciones.

Por ejemplo:

¿Por qué el cambiador de bebés tiene que estar representado necesariamente por una mujer cambiando a un bebé?

Podemos representar directamente al bebé, sin aplicar sesgo de género y promoviendo un uso más corresponsable del cambiador.

Parece un detalle pequeño. Pero también forma parte de cómo representamos quién utiliza los espacios y quién cuida.

4. Una plaza también tiene que poder “contar” cómo funciona

Hay espacios que parecen muy sencillos para quien los ha diseñado.

Pero no necesariamente lo son para quien llega por primera vez.

Por ejemplo:

Una plaza tiene varios caminos.

Uno lleva al parque infantil.

Otro a una zona deportiva.

El de la derecha a los aseos.

Otro a una parada de transporte.

Si todos los recorridos se parecen y no existen referencias claras, la persona tiene que descubrir el espacio sobre la marcha.

En cambio, podemos diseñar un sistema en el que:

  • los recorridos sean fácilmente reconocibles
  • los destinos estén claramente identificados
  • las señales aparezcan antes de llegar al punto de decisión
  • la información sea sencilla
  • los elementos tengan una lógica común
  • sea posible anticipar qué encontraremos después

Eso también es diseño urbano.

Y es aquí donde la accesibilidad cognitiva deja de ser simplemente una cuestión de colocar señales y pasa a formar parte de la propia configuración del espacio.

5. ¿Y si no puedo ver bien la información?

La accesibilidad cognitiva también está relacionada con cómo percibimos la información.

El reglamento establece que la información cognitivamente accesible puede utilizar diferentes formatos: visual escrito, pictográfico, sonoro, apoyos visuales, recursos táctiles o tecnologías de la información.

Esto permite pensar en situaciones muy concretas.

Por ejemplo:

Una persona llega a una parada y necesita saber qué línea tiene que coger.

No debería depender necesariamente de una única forma de recibir la información.

O imaginemos un museo con un recorrido.

La información puede combinar:

  • texto
  • pictogramas
  • elementos táctiles
  • audio
  • referencias espaciales
  • señalización clara

La cuestión no es llenar el espacio de información.

Es dar la información necesaria de la forma adecuada.

6. Los estímulos sensoriales también forman parte del diseño

Hay espacios que pueden resultar muy difíciles de utilizar debido a la cantidad o intensidad de estímulos que contienen.

Ruido constante.

Música.

Luces muy intensas.

Pantallas.

Movimiento.

Multitud.

Cambios bruscos de ambiente.

El nuevo reglamento contempla expresamente el control de los estímulos sensoriales, incluyendo luz, sonido y movimiento, así como la posibilidad de anticipar determinadas condiciones ambientales.

Esto puede traducirse en decisiones de diseño muy concretas.

Por ejemplo:

  • crear zonas de menor estimulación
  • evitar que un espacio de descanso esté junto a una fuente constante de ruido
  • controlar deslumbramientos
  • anticipar mediante información que una zona tendrá determinados estímulos
  • evitar acumulaciones innecesarias de señales, sonidos o elementos visuales

No significa que todos los espacios tengan que ser silenciosos o visualmente neutros.

Significa diseñar teniendo en cuenta cómo se percibe el entorno.

7. El recorrido hasta el destino también cuenta

Imaginemos un parque infantil.

Una persona puede llegar perfectamente desde la acera hasta la plaza.

Pero después quiere ir desde el columpio hasta una fuente.

Si para llegar a la fuente tiene que atravesar una zona confusa, cambiar de recorrido sin saberlo o no encuentra ninguna referencia que le indique hacia dónde ir, podemos tener un itinerario físicamente accesible pero difícil de comprender.

La pregunta entonces deja de ser únicamente:

¿Puede llegar?

Y pasa a ser:

¿Puede saber cómo llegar?

Esta diferencia es fundamental.

8. ¿Qué cambia con el RD 707/2026?

La Orden TMA/851/2021 continúa formando parte del marco de accesibilidad de los espacios públicos urbanizados. El nuevo Real Decreto modifica determinados aspectos de esa orden y establece un marco específico para la accesibilidad cognitiva.

Para los espacios públicos urbanizados, el RD 707/2026 establece estos criterios:

  • Deambulación
  • Aprehensión
  • Localización
  • Comunicación
  • Igualdad de género
  • Colocación y diseño
  • Simbología
  • Recursos táctiles
  • Control de estímulos sensoriales
  • Acompañamiento

Las condiciones se aplican a los espacios públicos urbanizados de nueva construcción y, en los existentes, cuando se produzca una renovación, dentro del ámbito de aplicación de la Orden TMA/851/2021.

¿Qué implica el RD 707/2026 para los proyectos en Canarias?

En Canarias, hablar de accesibilidad en el espacio público es hablar de territorios complejos.

Pendientes fuertes, calles estrechas, aceras que apenas tienen espacio, desniveles, escaleras, cascos urbanos antiguos y espacios diseñados para unas necesidades que ya no son las de hoy.

Por eso, incorporar la accesibilidad cognitiva no significa simplemente añadir señalización o pictogramas.

Significa preguntarnos cómo hacer comprensible y utilizable un espacio que, muchas veces, ya parte de una situación complicada.

¿Dónde empieza el recorrido accesible?
¿Se entiende hacia dónde continuar cuando el itinerario cambia?
¿Dónde está el destino?
¿Puede una persona anticipar un desnivel, una escalera o un cambio de recorrido?
¿La solución funciona realmente en ese lugar concreto?

En Canarias, la accesibilidad necesita diseño, pero también necesita conocer el territorio y la realidad de tantas personas que sin coche no pueden salir de casa por las condiciones que se encuentran en la calle.

La accesibilidad no es una capa que se añade al final

Y aquí está, para mí, la cuestión más importante.

La accesibilidad no debería aparecer al final del proyecto.

No consiste en terminar una plaza y después preguntarnos dónde ponemos los pictogramas.

Tampoco consiste únicamente en comprobar si existe una rampa o si una persona puede pasar por un itinerario.

La accesibilidad empieza cuando decidimos:

  • cómo se organiza el espacio;
  • cómo se entra;
  • cómo se recorre;
  • dónde se sitúan los destinos;
  • cómo se reconocen;
  • qué información necesita la persona;
  • cómo se señaliza;
  • qué estímulos va a encontrar;
  • cómo puede orientarse;
  • cómo puede utilizar los elementos del espacio.

Porque un espacio verdaderamente accesible no es solamente aquel por el que puedes pasar.

Es aquel que también puedes entender, recorrer, utilizar y disfrutar con autonomía.

Diseñar espacios que puedan entenderse

El RD 707/2026 supone un paso más hacia una concepción de la accesibilidad que no se limita a eliminar barreras físicas.

Y, sobre todo, nos recuerda algo importante:

no todas las barreras se ven.

Algunas están en la manera en la que organizamos un espacio, damos una indicación, representamos una actividad o hacemos que una persona tenga que adivinar qué tiene que hacer.

Incorporar la accesibilidad cognitiva desde las primeras decisiones de diseño permite trabajar el espacio público de una forma más completa, teniendo en cuenta cómo se recorre, cómo se comprende, cómo se utiliza y cómo se percibe.

Soy Marta Vega, arquitecta y diseñadora urbana, y creo en una accesibilidad real. En hacer bien nuestro trabajo como profesionales y dar el 100 % para diseñar espacios que hagan la vida un poco más fácil a todas las personas.

Porque la accesibilidad no es una capa que se añade al final. Es parte del diseño.

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